Destino
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A kilómetros de allí, él conducía rumbo al aeropuerto decidido a irse del país, sabiendo que no había en aquel suelo algo o alguien que lo detuviera o lo hiciera regresar. Huérfano desde pequeño, se acostumbró a estar solo siempre. Sin embargo hubo días que deseó un hombro donde aquietarse, unos brazos donde guarecerse, una persona en la que sembrar los mejores sentimientos.
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Los dioses atentos, a lo lejos, miraban impacientes cómo el automóvil del muchacho pasaría, dentro de pocos instantes por la Av 11, haría parada en aquella esquina, frente al semáforo, frente a la chica. Ya no más acrobacias del destino, ya no más ecos de vidas pasadas, por fin coincidirían los dos.
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Minutos antes, tal vez un instante, la chica tuvo un presentimiento: se llevó la mano al pecho y decidió volver al apartamento donde tal vez pelearía, otra vez, como siempre, con su novio, pero no estaría sola y con aquella sensación de vacío. Así que dio la vuelta y se marchó, antes de que el cielo le diera la señal que tanto pedía: aquel semáforo en rojo y el auto detenido en aquella esquina de la Av 11.
Ante aquel giro, los dioses suspiraron, resignados y acostumbrados al libre albedrío de los hombres. Otra pareja más que tendría que aguardar una próxima vida para encontrarse