Cuestión de perspectiva
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A la media hora, el hombre salió con una toalla alrededor de la parte baja de su cuerpo y la ropa manchada de sangre en las manos. A pesar de que el cabello mojado y desordenado le tapaba parte del rostro, la mujer pudo ver la piel pálida de su esposo. La mujer lo miró en silencio esperando que le explicara. Él se dio cuenta y llevó la ropa sucia al cesto, allí se detuvo como esperando algo, pensando, luego como autómata se sentó al lado de ella en la cama matrimonial y comenzó a hablar:
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_He matado a mi amante. La he encontrado con otro. No sé qué me ha pasado. Los celos me han cegado y me he vuelto loco. Yo había intuido algo, sin embargo, mis sospechas hoy se hicieron realidad y al verla con otro hombre, ella no ha tenido otra salida que confirmarlo. Cuando llegamos a la casa que le he alquilé hace años atrás, discutimos. Ella luego se bañó y se acostó, y ahí fue cuando agarré el arma. Como te dije, no sé lo que me ha pasado: me he vuelto loco.
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La mujer, hasta ese momento callada, le miraba al hombre sus ojos, cuando de repente suspiró y le dijo:
_Yo también había sospechado tu engaño y hoy lo has confirmado –dijo la mujer mirándose las manos- sin embargo, más que acabar contigo, solo voy a pedirte que agarres tu ropa, incluyendo la manchada de sangre y salgas de mi casa en este mismo instante –concluyó la mujer levantándose de la cama y volviendo a la sala a mirar su programa favorito.