Aprender a vivir entre espinas…
Como venezolanos que aún vivimos dentro del país, hemos aprendido a vivir sin algunas cosas fundamentales que en algún momento pensamos que si no teníamos, moriríamos. Aprendimos a comer lo que hubiera en los supermercados y en la cantidad que pudiéramos comprarlos. Dejamos de ver las marcas o la tabla nutricional de los productos; aprendimos a caminar todos los supermercados para buscar la mejor opción de compra, la más barata. Aprendimos a beber agua o a comer hielo para espantar el hambre, también a comer mango, naranja y hasta dormir temprano y levantarnos tarde para hacer dos comidas y hasta una.
Aprendimos que si tenemos carro es un dolor de cabeza y si no lo tenemos, es una angustia. Que si necesitamos salir a trabajar, debemos madrugar para poder llegar puntual. Que si no hay trasporte podemos caminar, aunque caminando se nos vaya la vida. Y caminamos a las 7 de la mañana, pero también bajo el sol de las 12 y hasta con el peligro de la noche. Y aprendimos a rezar, a ocultar el celular, la cartera, la cédula y hasta el miedo. Porque en Venezuela un día aprendimos a tener miedo, pero de acuerdo a los meses y la rabia, lo perdemos.
En Venezuela aprendimos a bañarnos con un chorrito de agua, a hacer desodorante y crema dental con bicarbonato, a hacer torta con dos ingredientes y hasta merengada con arenque. Volvimos a los antiguos fogones de la abuela y a hacer la comida con lo que haya en la nevera: croquetas de lentejas, lentejas guisadas, crema o puré de lentejas, lentejas salteadas y marinadas. Reinventamos la palabra cola y la hicimos un verbo. El sin sentido de la cotidianidad hecha una norma: panaderías sin pan, supermercados sin comida, gasolineras sin gasolina, Venezuela sin venezolanos.
También aprendimos a poner nuestra mejor sonrisa cuando alguien de afuera nos hace una videollamada, a que no se nos quiebre la voz, a mantener el ánimo, a guardar las lágrimas. Aprendimos a ocultar el roto de la ropa, de las cortinas, pero también el roto del corazón y del alma. Porque vivir en este país es vivir entre espinas, pero también es saber que aquí están nuestras raíces y en algún momento deberían volver a crecer las flores.
Hasta una próxima lectura, amigos
*Todas las fotografías fueron tomadas con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua y trabajadas en Canva