Amnesia... (Cuento breve)

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Amnesia

_Yo no sé en qué año llegué aquí, ni el día, solo recuerdo el porqué. Recuerdo que yo toda la vida viví solo, sin familia, sin perro, sin una matica. La gente decía que era huraño, gruñón, miserable, pero a mí eso no me importaba. Yo tenía mi trabajo, mi televisor y mi casa, a nadie le pedía nada. Me levantaba temprano con los primeros rayos del sol, preparaba mis alimentos y luego salía para el trabajo. De allí regresaba como a las 6 de la noche, me bañaba, encendía mi televisor, veía mis series preferidas de misterios y asesinatos, y luego me acostaba. Esa era mi vida y a nadie hacía daño. Pero todo eso cambió, cuando llegó Amalia.

vvv

_Amalia era una muchacha como de unos 20 años. Llegó a mi casa a vender dulces de coco. Al principio le dije que no, pero tanto insistió, que le compré uno. Al día siguiente volvió a tocar a mi puerta, y como el dulce no había estado mal, le compré dos. Aquella conducta se repitió con los días y llegó un momento que en las tardes, mientras veía mis series de terror, me apetecía comer los dulces de coco que vendía Amalia y deseaba que pasara más frecuentemente.

vvv

_Ustedes pensarán que tal vez mi interés por Amalia era físico y le puedo asegurar que no. Amalia estaba desprovista de toda la sexualidad de una hembra. Su cuerpo famélico y desgarbado, su cabello corto y su rostro reseco era más la imagen de un adolescente feo. Varias veces me habló de que tenía dos hijitos, de dos hombres diferentes y que buscaba donde vivir porque no tenía familia. Todo esto lo decía en el portón, mientras me vendía los dulces y yo le daba un poco de agua, porque siempre pedía agua.

vvv

_Luego comenzó a entrar en la casa, no recuerdo cómo, y después trajo una vez a sus dos muchachitos sin ningún motivo. Por eso, cuando una noche la policía se detuvo en mi casa y me sacaron esposados por homicidio, no pude creerlo. Ellos dijeron que los cuerpos estaban en mi habitación, el de Amalia y los niños. Me dijeron que habían sido mis vecinos los que habían llamado. Yo les dije que eso era falso y les conté lo que acabo de relatarles a ustedes. Ellos dijeron que todo lo que yo decía era invento, porque supuestamente esa era la historia que había en un viejo periódico que estaba debajo del colchón de mi cama y que en realidad Amalia era mi esposa y que aquellos niños, eran hijos míos.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

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