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Íngrimas abedules
tallados en ocre otoñal,
hojas caídas en llanto
de mil penas, queriendo olvidar
Grises, umbrías,
junto a edenes del tiempo,
rondan caminos de canto,
obras del ruin lamento
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Sus lágrimas murmullan
pisadas marcadas en fuego,
de dos amantes que se alejan
sin poder decir, Te quiero
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Corazones flechados,
moribundo sentir fracasado,
son daga de profundo silencio
talle de un rostro olvidado
Ingenuo lenguaje
testigo del romance importuno,
como fontana de luz
refugia dos cuerpos en Uno
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Dueños del tiempo,
como un giro de noria,
embate de manantial,
un beso que sella la historia
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No hace falta saber
su nombre,
deshoja la duda
entre sus pétalos
¿Querer o no querer?,
la savia guarda el secreto
anónimo de dos amantes
íngrimo,
abedul misterio...
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FIN