El tiempo y la distancia afectan de manera inevitable, (ya sea para bien o para mal) las relaciones personales e interpersonales de los individuos. En este caso, hablaré de las relaciones amorosas.
La mayoría de las personas han tenido por lo menos una relación amorosa a lo largo de su vida. Hay casos casi ficticios de amores que duran toda la vida, y hay casos de relaciones que después de un largo tiempo terminan por deshacerse, al igual que hay casos de relaciones que duran efímeros días. En el primer caso, (Que pocos ejemplos tiene) la relación que dura mucho tiempo, o toda la vida, se mantiene porque desde un principio, desde la base, fue algo sano. En este caso, la distancia y el tiempo, que por lo general, son factores para el olvido y el desamor, ayudaron a unir y a fortalecer la relación. Al estar separados, el anhelo de estar con algo o alguien deseado o querido, aumenta, y, a su vez, el tiempo, da plaza para que las personas se conozcan más a fondo, haciendo que la sensación de familiaridad y unión aumente.
En el segundo caso, donde todo parecía ir bien, hasta llegar a cierto punto, el tiempo y la distancia jugaron un factor clave para la separación. Al igual que las placas divergentes, estos dos factores separaron a las personas, creando un océano de dudas y problemas entre ellas. El tercer caso se justifica como un deseo del momento, para conseguir placer o llenar ese típico vacío que la soledad deja.
Al final, todo depende del tipo de persona que tú y tu pareja sean. Nada está predestinado a suceder, y en el caso de que sea así, de que tu destino esté escrito en un pedazo de papel, puedes tomar un lápiz y un borrador, y cambiarlo.