La higuera es uno de mis árboles favoritos. Sus serpeteantes ramas, el contraluz de las hojas, el inconfundible y dulce aroma que desprende, su sombra en verano...... es embriagador.
Más no siento fascinación por ella solo por eso. Además nos regala uno de los frutos de la naturaleza que más me cautivan en todas sus variedades de colores o tamaños, frescos o secos, brevas o higos.
Algunas higueras llamadas "reflorecientes" nos deleitan doble. Primero nos obsequian con brevas, a finales de primavera, algo más jugosas y grandes para posteriormente colmarnos de higos, de dulzor más intenso . De brevas a higos es un periodo relativamente corto para la generosidad que ofrece una higuera breval.
Si propusiera un árbol candidato para el jardín del Edén, no tendría dudas de cual sería mi elección.
Los higos son flores invertidas. Nunca ven la luz del sol. Al encontrarse encerradas para polinizarse dependen de una diminuta avispa a la cual seducen con su olor. La interconexión que ambas formas de vida han conseguido crear para que todo funcione y ambas sigan su ciclo vital es realmente asombroso.
Me encantan los pequeños detalles de las cosas. Observar de cerca, cambiar la perspectiva. Entender como funcionan o simplemente disfrutarlas.....