Al observar el dibujo terminado, siento felicidad por un trabajo realizado, una meta cumplida y, a la vez, la seguridad de todo lo que me falta por aprender. Me sucede con el dibujo lo mismo que cuando miro la luna o la línea del horizonte, las fotografías no logran captar lo que me dice la vista.
Entiendo que, como aprendiz, esas sensaciones son las que exigen práctica, constancia y pueden llevar a la superación.
Voy con el paso a paso.
Utilice distintos tonos de verde, negro, gris oscuro, amarillo, blanco y lápiz mongol, cuyo grafito es cercano al 2B.
El inicio del trabajo fue el boceto, para ubicar y trazar en la lámina de papel la representación de una de las hojas del aguacatero. Eso exige dimensionar el dibujo en una escala menor al modelo.
Delineé, con el lápiz, el contorno de la hoja y tracé la vena principal y el arranque de las venas secundarias.
Remarqué con un verde grisáceo el contorno y las venas, trazando éstas y su entramado. Luego hice toques suaves de color, tratando de captar las zonas de luz y sombra.
Y luego, intensifiqué el color. Utilicé el grisáceo para el área de sombra; el blanco y el amarillo para la zona iluminada.
Una observación importante: Comencé el trabajo, en horas de la tarde, con luz diurna pero fue oscureciendo y debí encender la luz. Por eso se observan las sombras del celular en las capturas del paso a paso. La fotografía del trabajo terminado la dejé para el día siguiente, pera evitar ese contraste.
La sabiduría popular asegura que la práctica hace al maestro. Lo he comprobado en mis aprendizajes, lo he observado en otras personas. Lo verificaré en el tiempo, si tengo la suficiente constancia.
Agradezco por adelantado los comentarios para orientarme en esta nueva tarea. Y a @avellana por haberme impulsado hacia el dibujo.
♦ Las fotografías y los separadores de texto son de mi propiedad. El banner es un obsequio de mi amiga @naylet
♦Publicación original de @mllg