Una Carta de Amor Poco Romántica:
Amor Transformado
"Nunca me interesó el arte.
Y no, no soy ignorante. Reconozco perfectamente las mejores obras de Dalí, los versos de Benedetti y viajé para admirar en persona La Capilla Sixtina. Mas, sin embargo, nunca me interesó practicarlo.
No me animo —por no decir que no me interesa—, tomar colores ni pinturas para rellenar un lienzo en blanco.
Ni considero que mis manos pican por describir de manera filosófica una escena de película ni críticas sobre la sociedad actual y su declive.
El romance no corre por mis venas, tampoco el fatalismo, la fantasía o el misterio. Soy, en realidad, una persona vulgar.
Que disfruta lo existente, que —no por falta de iniciativa, sino de gustos— decide no formar parte del conjunto artístico.
Un ser, como varios otros, que no nació con la vena del escenario y los reflectores. Un ser que reconoce el talento, le presta la atención debida y —si es el caso— lo goza sin ningún tipo de envidia.
Disfruto de los colores que otros ofrecen para pintar el cielo.
Y pensé —con Dios de testigo— que mi vida era perfecta; pues no me faltaban piezas, no era un alma incompleta. No soñaba con cosas pequeñas, pero mis grandezas no ondeaban sobre mi rostro en posters de novelas.
Ahora me encuentro aquí, con las ojeras marcadas, cuatro borradores arrugados y unos nervios rotos que no consiguen conectar las palabras adecuadas para decirte: "Cariño, me encantas".
Pues dejé escapar muchos años mientras entendía, de una vez por todas, que el arte no es arte sino amor transformado.
Amor transformado en odio y materializado en sonetos de Neruda, por ejemplo, y así sucesivamente hasta lo que hoy en día admiramos como grandes obras de la literatura universal y pioneros del arte en general.
Ahora, que creo que el amor toca a mí puerta, me percato de que nunca me preparé para tal evento, pues mi vena artística estuvo dormida hasta este momento.
Y espero, algún día, si supero esta prueba de fuego que es declarar mis sentimientos —sin ninguna célula talentosa en mi cuerpo—, escribirte las palabras correctas que describan —y que entiendas— cuando te hablo de que el corazón humano se paraliza tres veces en toda su vida y, en ocasiones, varias veces al día:
Una cuando muere.
Una cuando llegas.
Y otra cuando te marchas.
Pero, como dije hace un momento, nunca me interesó el arte."