La cuestión, conforme transcurre la edad, no es aprender de todo lo que podemos hacer en función de esas vibraciones positivas. Se trata, más bien, de desaprender, de obviar u olvidar esas frecuencias negativas que llegaron a nosotros por tradición, costumbre, por cultura, dogma, religión u otra arista.
Darte cuenta de que hay cosas "invisibles" y dañinas provoca que la elección sea más difícil de evadir, porque no las ves o las consideras inocuas. El problema es que eludir dichas energías representa romper un hábito, pero si lo analizas bien es un entramado de actos que fuiste acumulando y que te sostienen día día imperceptiblemente y no te habías fijado que te hacían daño o te estancaban.
Por eso nos demoramos, porque lo obvio están ahí, lo vemos y sabemos que tenemos que hacer y lo hacemos, pero en contra parte, el cerebro se automatizó en tantas escalas que nuestra reconversión tarda bastante. En gran medida, dependemos de una sociedad que nos rodea de frecuencias (malas) como normas, así que sufrimos de una dependencia que no queremos admitir.
También ando en ese camino. Todas mis huidas de esta plataforma fueron parte de ese aislamiento. Deseo, espero, que en esta ocasión, me vuelva a traer cosas positivas.
Amén tú también puedas hablar pronto de tus mejoras, no solo de las pragmáticas, sino de aquellas que lograste identificando a los verdaderos y gigantes enemigos. Saludos y bendiciones.
RE: El antídoto del victimismo