El faro está hecho de cera.
El lazo, esculpido de palabras.
La caja es un adorno de recuerdos…
Muchas letras conjugan versos
que invaden a la alegría
y reproducen la magia en un escenario
donde escucho al aire quemándose,
mientras el néctar de las cremas y de las harinas
forman un monumento.
Veo también cómo las burbujas
de los vasos se fueron escapando
y hasta el canto más desafinado
es una linda melodía.
En este mundo de fábulas,
la vida celebra un instante
con una luciérnaga artificial
que titila pocos segundos
sobre la cúspide de aquel
dulce monumento.
Un ánimo osa sonreír
ante una bengala que
se contempla a media altura.
Otra etapa se ha cumplido,
365 días se han depuesto...
La antorcha de esta batalla
será derrocada por un héroe
que suspira clamando fortunas,
y desvía viejos olvidos cuando
ve a su particular familia extraña
compuesta de damas, caballeros
y amigos...
Se siente tan vivo, divergente y apuesto,
mientras pide al menos
un deseo.
Has arribado a otra estación
como alguien diferente
al que apagó el último faro,
mas hoy recuerdas al anterior
e imaginas cómo lucirá el sucesivo....
Un suspiro y te preguntas
quién seguirá a tu lado...
Y aquí estás,
rodeado de algunos de ellos,
de tu propio batallón de estilos de gente,
inmerso entre sus buenos deseos y los tuyos,
mientras el faro derrite y derrite
como también se funden los hielos,
y se deshilan las voces cómplices del presente.
Ahora sopla...
que la vida ya sopló.