Hace falta volver enseguida,
virarte a lares comunes,
esos que no apreciabas
estando libre y sano...
Ahora el mundo enfermó
y el aire tiene otro
significante significado.
Extraño es sentirse
antagónico extraño...
porque vas pesado y vacío,
más simple en lo complicado
y llorando sonrisas
en medio de todas tus fuerzas.
Extraño ir a la playa
y volver del mar,
jugar fútbol
o tomarme en serio
subir colinas,
mientras descienden
las ambiciones
que nos mantienen
a salvos en casa.
Ahora es la mente quien viaja
y yo el que reposa en el colchón,
va y viene a los senderos
que en otrora no eran laberinto,
sino simple camino ida y vuelta.
Se va la luz y llega de noche,
pero es la luna y las velas
las que brillan cuando comes
y no te alimentas.
Antagónico extraño sentir,
llorar la soledad
que fue servil amante,
pero ella se fue con todos
los que aislados dibujan
ansiedades con los ruidos
de las reflexiones que no
tienes respuestas.
Ahora ella es una otra cualquiera
para cualquiera
menos este otro yo.
Extraño el insomnio
y detesto dormir,
dormir porque no te queda de otra,
en cambio, somnoliento hacía protesta
del mundo que acostumbrado a sus reglas
optaba por la cita común
de 8 horas con Morfeo.
Y quiero hacer ejercicio,
pero el músculo de la pretensión
se lesionó al consumir
esteroides de sedentarismo.
Soy un rebelde volviéndose simple,
otra víctima de las costumbres,
de la desidia en presagio
de quien inventó el dinero
y dividió al mundo entre
aciertos y pecados.
Espero mi normalidad con apuro,
pero de prisa estoy cambiando
y no me gusta la dieta de ser yo mismo,
cuando por sobrevivencia
debo ser otra víctima
de un virus que, sin coronas,
impone su reinado de miedo.
Fotos tomadas con mi Samsung S6