Soy tan largo...
Que alcanzo a tomar del sol sus rayos,
los incrustó a un lado, para estar siempre abrigado.
Soy tan delgado...
Que puedo ocultarme entre el límite que el cielo y la tierra han designado, pero si alguien pisa mi rabo, me espanto y como mariposa salgo volando.
Y si un día no quiero verme estilizado,
me lanzó al lado, me aplastó y me convierto en un gallo agraciado, que cacarea por donde va pasando y come maíz que cae de un avión en lo alto.
Largo, delgado o como gallo, puede que mi forma vaya cambiando, pero siempre llevo en mi un líquido rosado, que es el amor por todo lo que hago.