El frailejón estaba aburrido, porque en su mundo, no había nada divertido, de izquierda a derecha se contoneaba, con el movimiento que el viento le proporcionaba.
Los seres que pasaban a su lado, sonreían siempre con la lluvia y el sol anaranjado, sin embargo, el frailejón no dejaba ver su risa, es un ser con amargura infinita.
A la Luna la situación la tiene intrigada, por eso una noche se acerca y lo revisa mientras este descansa, lo observa, no le falta nada y le deja un corazón en una de sus hojas aterciopeladas, junto con unos anteojos hechos de estrellas claras. </div/
Cuando el Frailejón despierta, lleno de amor siente su esencia, encuentra a su lado las gafas, se las pone y sonríe, porque antes no veía nada. Ahora también disfruta de la lluvia, del sol y de la brisa pura, con anteojos hechos de estrellas, la vida se siente más bella.
Copyright © 2020 Margarita Palomino
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