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¡Suelten anclas!

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Estando en el metro un día entre dormida y despierta, en esos días donde no deseas abandonar tu cama ya que puede sentirse sola, mis ojos entrecerrados observaban el entorno del vagón, a veces suelo hacerme historias de lo que las personas pueden estar pensando o viviendo en ese momento por su forma de sentarse o su lenguaje corporal.

Vi una señora de mi edad más o menos que recibió un mensaje en su teléfono, inmediatamente su cara se iluminó, y al guardar su celular, observé que apretaba varias veces su pulgar izquierdo, pero no se iba esa expresión de paz y alegría de su rostro que estaba antes, cruzó su pierna, relajó su cuerpo y siguió apretando suavemente su dedo.

Pensé, ¡está anclando el momento! Sí, eso es lo que hacía y disfruté verla como le decía a su subconsciente que éste era un momento que quería y debía guardar para ella y que en algún momento de su vida el mismo sería recordado para reforzar algo de alguna manera.

Los anclajes son técnicas psicológicas que se usan para asociar un momento vivido sensorialmente y poder decirle al subconsciente que este estado o sensación del momento se desea guardar y ser utilizado luego y poder servir de estímulo, igual, ahí donde lo has puesto con la misma fuerza para ser recordado y poder (hablando psicológicamente) ser usado para desplazar o reforzar otro momento futuro donde se necesite.

Evidentemente los hay positivos y negativos, todos vivimos momentos de ambos sentimientos, pero si lo que te he dicho lo usas o se queda de manera negativa puede afectar fuertemente tu vida y tu entorno, porque te llenan de miedo, pueden crear limitaciones muy fuertes y en los casos más graves poder crearte una dependencia o reducir tu capacidad para una vida plena.

Si hablamos de los positivos, estos son los momentos de alegría, esos como a esa señora le hacían sonreír y estoy segura que en sus momentos de tristeza traerá ese recuerdo y aliviará la pena que le ocupa para ese instante, también pueden ser usados para darnos confianza y definitivamente para darnos sensaciones agradables de todo tipo, y en muchos casos hacer desaparecer nuestros miedos.

Estos momentos deben ser seleccionados muy bien, enviar a nuestro subconsciente una señal clara y precisa de lo que deseamos archivar, y procurar que sea justo al final de la experiencia que vives, por ejemplo la señora sonrió, su cuerpo cambió de posición, guardó el teléfono y apretó su dedo, ya había razonado eso, o como tener una noche de placer suprema y al final, apretar el dedo para guardarla y traerla cuando se necesite.

Los anclajes son recuerdos tuyos, esos que nadie puede quitarte, que nadie puede arrebatarte, son esos momentos supremos que deseamos nunca se vayan de nosotros y que podemos en ciertos momentos (conscientemente) traerlos para ser soporte o contrarrestar lo que podemos estar pasando en un determinado instante.

Es una gran herramienta, de esas que se descubren y que se convierten en aliadas para sobrellevar esta experiencia que es vivir.

Hasta la próxima.

¡Suelten anclas! | Ecency