La casa era hermosa, muebles, grandes escaleras, flores, cuadros y niños que corrían, al pasar frente a mi se reían, hacían muecas que me provocaban también reír y supe que comenzaría una nueva vida.
Me llevaron a un cuarto rosado, con una pequeña cama, me hizo suponer que mi nueva dueña sería una niña, me la imaginé hermosa y así fue, era de piel blanca, cabellos color oro, los ojos más hermosos que se hallan reflejado en mí, radiantes y con ese brillo de la infancia.
Marina, se llamaba, inquieta y dulce, todos los días al salir al colegio, se daba su ultimo toque frente a mi, decía, “hoy estoy mas hermosa que ayer”, y muack, daba un beso en su frente reflejada que yo hacia mío, eso pasó por años, hasta que un día, dejé de verla y a extrañarla.
De repente vi que me movían en la sala sacandome de la casa, había un olor a flores, se reflejó en mi una caja grande en medio de la sala, ví como la gente lloraba, saliendo escuché .- Pobre Marina, no merecía morir.- y ví que todo me daba vuelta y caí, quedando esparcido como lagrimas en la arena.