El despertar ...
sin nombre
ni campana,
la luz,
que nunca sabe si es la misma,
el gesto que se copia a sí mismo
como un eco
que olvidó la garganta
que le dió origen.
Cada hora
es familia de la anterior,
cada tarde
un dechado de asombros.
No hay lunes ni domingo,
solo un hilo
que se devana
y se deshace en círculos.
Y la boca repite sin saberlo.
¿A qué hora se hará la luz?