«Porque… ¿Por qué?»
Es la respuesta de la mayoría. Aunque sabemos que los aviones son una invención tremendamente útil e ingeniosa, no parecemos muy interesados en conocer los principios básicos que explican su funcionamiento aunque tengamos la corazonada de que podría ser un descubrimiento personal asombroso.
La fuerza de gravedad,
es la fuerza de atracción que ejerce el centro de la tierra sobre todos los cuerpos. Es la que no permite que los argentinos o los pingüinos caigan al vacío.
Similar a dos imanes, la fuerza con la que la tierra nos atrae disminuye a medida que nos alejamos de ella, pero para efectos de esta explicación podemos considerar que para cualquier altura en la troposfera que el valor de la gravedad se mantiene constante.
Aclarado esto, hay que mencionar la famosa segunda ley de newton, que establece que la fuerza neta que actúa sobre un cuerpo es igual a su masa multiplicada por la gravedad, esto quiere decir que a mayor masa, mayor es la fuerza de atracción hacia el centro de la tierra.
Los aviones vuelan porque logran vencer ésta fuerza de atracción, pero ¡¿Cómo lo hacen si son tan pesados?!
Para ello debe existir una fuerza mayor que la de la gravedad, que actúe en sentido opuesto, lo cual denominamos sustentación. Algo así como cuando nuestras ganas de salir adelante son mayores que las ganas que tenemos de seguir durmiendo.
El teorema de Bernoulli
es la respuesta. Expuesto por Daniel Bernoulli mucho antes de que existiese el primer avión, enuncia que la presión de un fluido (en este caso gas: el aire) decrece a medida que la velocidad del fluido se incrementa.
Entonces, como la velocidad del aire en la superficie inferior es menor (explicado por el efecto de Venturi), la presión sobre dicha superficie es mayor, ¡y voilà! Aparece la sustentación
¿Pero es posible que el aire logre ejercer una presión tan alta como para levantar a un avión?
Sí, la fuerza de empuje o tracción
proporcionada por el potente motor, es sin lugar a dudas, un elemento importante para que un avión logre despegar, y es que son las altas velocidades que alcanza un avión las que le permiten generar la fuerza de sustentación que necesita para vencer a la fuerza de gravedad.
Pero no todo es física, estos gigantes de metal, probablemente inspirados en la naturaleza, nos demuestran el alcance que tiene la imaginación del hombre cuando se combina con pasión y persistencia. Y con hombre, desde luego, me refiero a personas como tú y yo.