Si Dios tiene un plan conmigo, no hay fuerza ni estrategia en este mundo que pueda interrumpirlo.
Porque el ser humano se la pasa reviviendo el pasado como si eso fuera a cambiar lo que eres hoy, pero es porque ignoran por completo que gracias a Él somos una persona completamente diferente, mucho más madura y responsable con cada paso y decisión que tomamos.
Este camino me ha enseñado de filtros: tengo clarísimo que es infinitamente mejor tener una amistad sincera que cinco falsas que solo sirven de adorno.
Y bueno, la ironía de todo esto es para morirse de risa. Mi felicidad y mi paz son tan reales y genuinas que causan cortocircuito. Es una verdadera lástima —y un poco patético— ver cómo se tienen que unir varios en grupitos para hablar mal de alguien, porque solitos no pueden procesar esa existencia. Se juntan a compartir frustraciones y a murmurar en los rincones porque individualmente se quedan cortos; se quedan atrapados en su propio veneno.
Pero que sigan armando sus reuniones de pasillo y sus pequeños clubs de haters: por más que se organicen, son tan incapaces que no pueden ni tocarme ni destruirme. Mientras ellos desperdician sus días intentando apagar mi brillo, yo sigo firme, intocable y avanzando bajo un plan divino que nadie, absolutamente nadie, puede frenar. Agradezo a Dios por todo.