Mi lugar soñado

Words
1272
Reading
6 min
Listen
Play
6y


image.png

¿Sabes tu nombre? Yo no recuerdo el mío y no sé ciertamente dónde estoy.

El lugar donde me encuentro es frío, blanco y está totalmente vacío. Tengo miedo, debo admitirlo, aunque no sé realmente a que le temo.

No considero que mi vestimenta sea adecuada, es solo una pequeña bata que no me llega ni a las rodillas. Nadie me explica que sucede, nadie me habla acerca de que sucede conmigo.

Puedo decir que sencillamente no sé absolutamente nada. Ni los días, ni la fecha, ni la hora. Me siento como un punto en el universo que está perdido a merced de estas personas que solo me arrojan por una ventanilla una bandeja con comida tres veces al día. Luego, la retiran a los minutos, sin importar si como o no.

He hecho preguntas, miles, pero nadie quiere responderme nada. Solo he llorado.

No tengo recuerdos de nada, ni de mi vida, ni de amigos, ni de personas. Me toco la cara, mi nariz, mis mejillas, porque no sé que aspecto puedo tener. Mi cabello es corto, está al nivel de las orejas, me he arrancado unos mechones y es de color castaño claro. Al menos sé eso.

Si grito o exijo con demasiada vehemencia que se me explique al menos quien soy, alguien entra y me inyecta algo e inmediatamente me duermo.

Ha sido así desde que desperté hace mucho, y no sé si algo pueda cambiarse.

En la parte superior de aquella habitación, está un pequeño cuadrado de aproximadamente 10 por 10 centímetros, por donde se cuela la luz del exterior. En el día, los rayos del sol caen en el blanco piso, así que me coloco justo ahí para sentir ese calor, es agradable, placentero. Me hace sentir viva.

Esta noche miro a través de esa pequeña ventana, veo algunas estrellas, puntos brillantes a miles de kilómetros de distancia, pero me hacen sentir menos sola. Aunque mirando alrededor sé que estoy más sola que nunca.

Cierro los ojos e intento imaginar cómo sería el mundo fuera de ese lugar. Todos caminando apresurados a sus trabajos, los pájaros volando por encima de los parques cuando se acerca el invierno, y las hojas de los árboles cayendo al piso cuando llega el otoño.

Me imagino que en algún lugar está el mar, con su suave espuma chocando contra la ardiente arena blanca.

De esa manera paso mis días, de esa forma tranquilizo a mi mente, prometiéndome a mí misma que quizás algún día llegue a salir de ahí.

Pero un ruido me saca de mis sueños, una gran explosión muy cerca de donde estoy. El olor a quemado me golpea la nariz, y el fuerte pitido de una alarma contra incendios se enciende en todo el lugar. Con un sonoro "trac" la puerta se abre por completo. De seguro el sistema de seguridad ha fallado, ya que no hay nadie cerca del umbral. Ciertamente no me detengo a investigar.

Salgo al corredor y la nube de humo golpea mi cara, siento como muchas personas pasan corriendo a mi lado, así que decido moverme, no puedo perder la oportunidad de llegar a mi lugar soñado.

El humo no me deja ver, solo vislumbro brazos y batas como las mías a mi lado. Tapo mi boca, intentando no inhalar humo, pero no sirve de nada. Un ataque de tos me hace ir más lento. Aunque no soy la única, a mi lado muchas personas tosen.

Escucho gritos y llantos por todas partes. No sé a dónde voy, pero me muevo en conjunto con todo el grupo buscado a ciegas una salida.

Llegamos a unas puertas dobles de madera, el humo sigue arremolinándose a nuestro alrededor, con toda la fuerza que tengo me uno a las otras personas a empujar haciendo que la madera ceda y se caiga de los goznes.

Cuando la dura madera golpea el suelo, un seguridad me hala de mi cabello y me intenta regresar al interior de aquella prisión, lucho, peleo y grito, y con todas mis fuerzas opongo resistencia, cuando un sonido seco me hace girar, y veo a una chica, de cabello castaño, igual de corto que el mío, con la misma bata, sosteniendo un tubo de metal, con el que imagino golpeó a aquel hombre.

Solo puedo decir gracias, y sin pensarlo aquella chica extraña me da la mano, y corremos siguiendo a todos los demás.

El aire nocturno nos recibe en el exterior y nos hiela la sangre pero creo que a nadie le importa, porque solo corremos, descalzos por la gravilla, tratando de alejarnos de aquel lugar. En la distancia suenan las alarmas de sirenas.

Somos muchos, más de diez, más de veinte, y en la oscuridad logro distinguir varias cosas. Somos mujeres, todas tenemos el cabello corto, castaño y...

Todas son iguales.

Poco a poco los rostros a mí alrededor se transforman en una expresión de asombro, se señalan unas a otras.

-Ustedes dos son idénticas- me dice una de las chicas acercándose a mí. Niego con la cabeza. Porque realmente es ella quien se parece a la chica que me ha salvado.

-Tú eres quien se parece a ella- digo con seguridad. Mi compañera, con la que he corrido desde prisión me ve con asombro y afirma que yo me parezco a aquella joven.

El lugar se transforma en un alarido de nuestras voces diciendo quien se parece a quien, pero al final, comprendemos que todas nosotras tenemos un mismo rostro. Somos exactamente lo mismo. Somos clones.

Siento como el pánico crece en mi interior, pero intento dejarlo de lado, y todas determinamos que debemos continuar.

Cruzamos una alta cerca de metal y corremos entre los árboles, entre el bosque, buscando un refugio.

Así estamos toda la noche, ya mis pies están cansados y destruidos, pero realmente no me importa, solo quiero alejarme de ahí.

En lo alto, el cielo comienza a cambiar de color, y el sol empieza alzarse con su imponente brillo. Con un poco más de calma, andamos hasta que llegamos a una carretera, a lo lejos vemos los edificios. Llegamos a la ciudad.

Veo el rostro de alegría a mi alrededor, un rostro que de seguro debo tener yo misma. Nos animamos y corremos hacía la sociedad, hacia la civilización. Pero no encontramos nada.

Todo está vacío, las tiendas están cerradas, muchos vidrios rotos, todo el lugar está sucio y abandonado. En algunos lugares la naturaleza se ha apoderado de casas y vehículos, cubriendo las superficies con moho, plantas y enredaderas.

Vemos como unos venados corren a lo lejos.

-No hay nada en el mundo para ustedes.- Habla una voz a nuestra espalda. Giro y veo a un hombre alto, de cabello blanco con un elegante traje gris. - Lo mejor es que regresen al refugio, solo allá están a salvo-

El hombre intenta acercarse pero retrocedo con cada paso que él da. Veo como llegan dos vehículos y se bajan oficiales uniformados.

-Vengan a su hogar, el mundo ha muerto. Y con ustedes encontraremos la cura - La sonrisa del hombre me eriza los pelos de la nunca pero sigo retrocediendo, cuando choco con un cuerpo, me giro y observo como nos tienen totalmente rodeadas.

Los hombres se abalanzan sobre nosotras, y nos amarran con camisas de fuerza para luego arrojarnos en el interior de los vehículos. Se ríen y mofan de nuestra situación, porque ciertamente hemos corrido para nada, hemos destruido nuestros pies, solo para descubrir que somos un experimento en un mundo que ha muerto, y que mi lugar soñado no existe.

BANNER.gif
Links de las imágenes

Imagen

Banner editado por autor, en programa Photoshop Cs5.