Oscuridad. Realmente no sé si mis ojos están abiertos, no distingo nada a mí alrededor.
Parpadeo varias veces, poco a poco mis ojos se adaptan a la densa oscuridad, y distingo que estoy en mi habitación. Mis muebles me rodean, incluso ahora noto la pequeña luz del aire acondicionado frente a mi cama. Alumbra con su leve resplandor azulado ciertas partes del lugar.
Estoy en mi cama. Pero frente a mí hay alguien. Esta sentado en mi silla del computador, no distingo su rostro, pero sé que no debo temer es alguien familiar.
De la nada dos pequeñas juegan en medio de la oscuridad. Danzan y brincan, luego caen en el colchón donde estoy acostada y veo sus rasgos. Son dos niñas, sus rasgos asiáticos me desconciertan pero siento familiaridad con su compañía también. Me divierto al sentirlas junto a mí.
Siguen saltando y saltando. No sé porque seguimos en oscuridad pero no me levanto a encender la luz. Hasta que entre los juegos una de las pequeñas choca contra mi cuerpo y me arroja al piso. No me molesto, solo están jugando. No sé dónde ha ido, la luz es tan escasa que no me permite ubicarlas con facilidad. Siento como una se sienta al lado de mis pies y sigue jugando.
De alguna manera, la otra se posa sobre mi cráneo. Está parada sobre mí. No me duele, me llevo la mano a la cabeza y toco lo que me parece la tela de su vestido, justo en ese momento se ríe, y un escalofrío recorre mi cuerpo. Ese sonido no es familiar, esa persona sobre mí no es ninguna de las niñas, veo al frente, y están las dos, una en mis pies y la otra sentada junto a la mesa de la computadora con la otra presencia que me es familiar.
Mis latidos se aceleran. Alzo la mirada y la luz solo me permite ver los bordes de un cuerpo que está colgado sobre mí.
Grito muy fuerte. Me levanto y corro a encender la luz, pero nada sucede, no enciende. Así que abro la puerta de la habitación y corro buscando luz, pero todo sigue en tinieblas, por más interruptores que encienda, nada sucede.
Bajo las escaleras y grito, busco ayuda, busco a mi madre, busco a mi familia. Mi mamá se acerca a mi lado en cuanto me ve, estoy histérica, desesperada. Ella me consuela, me abraza, y en sus brazos me duermo.
Abro los ojos, sigo adormilada, pero estoy en mi cama nuevamente. Todo está en silencio, todo sigue en obscuridad. Pienso que lo anterior ha sido una horrible pesadilla.
Siento como una mano toma la mía, siento su calor, quizás es mi madre que está conmigo. ¿Me he enfermado?
Me alza el brazo y en mi axila introduce lo que me parece un termómetro. Pero es violenta, mi madre nunca es violenta. Trato de alejar el brazo, sin embargo, no puedo moverme. Estoy estática en mi cama, sintiendo como mis latidos se aceleran mientras veo que lo que se encuentra a mi lado no es mi madre.
Es pálido, tanto que su piel casi parece destellar, y viste lo que parece una túnica color marrón. No puedo ver su rostro. La poca luminosidad que hay a mi alrededor no me lo permite, pero su silueta es delgada, pequeña, parece una mujer joven.
Nuevamente aparece aquella risa histérica que me eriza la piel, la misma que he escuchado antes.
Me pellizca fuertemente en los brazos. No puedo gritar, no puedo moverme, solo veo como sus dedos finos y pálidos pellizca mi piel y luego con un gran desdén aprieta fuertemente mi pezón.
Sigue riendo, pero me muevo, por fin puedo moverme. Caigo al piso, e intento caminar. Todo el cuarto a mi alrededor da vueltas, me siento drogada.
Tomo mi celular, trato de que encienda la linterna pero nada pasa. Toco el interruptor de la luz y nada, sigo en tinieblas; es como si la luz del mundo se hubiese extinguido.
Dando traspiés entro en lo que debe ser mi baño, intento encender las lámparas pero nada.
Poco a poco todo a mi alrededor se va desvaneciendo, mis ojos se vuelven más y más pesados, y caigo dormida una vez más.
Me despierto una vez más en mi cama, envuelta en la intensa oscuridad.
Aún sin verla sé que la criatura está a mi lado, siento su mano caliente una vez más tomando la mía, pero esta vez sí puedo moverme y trato de defenderme, trato de empujarle, pero es fuerte.
Cierro mis ojos y pienso que solo es un sueño, que debo despertar, que ya no estará. Empieza a desvanecerse a mi lado y suspiro aliviada porque pienso he controlado aquel sueño, pero me equivoco.
Su risa hace nuevamente acto de presencia y hiela mi sangre.
La mano blanquecina toma fuertemente mi muñeca y me causa un extremo dolor, grito, pero no sale nada de mi boca.
Necesito salir de ahí.
Como puedo tomo el teléfono, necesito alumbrar, necesito salir de ahí. Lo enciendo pero no sucede nada, no hay luz. Sigo en tinieblas.
Caigo al piso intentando escapar, siento mis latidos acelerarse, siento como me persigue como quiere arrastrarme a la oscuridad. Siento como su cuerpo presiona el mío, siento como está sobre mi espalda mientras intento gatear, poco a poco mis ojos se van cerrando y caigo dormida una vez más.
Despierto en mi cama nuevamente. Temo moverme, temo que vuelva aparecer aquella criatura a mi lado. Pero nada sucede después de algunos minutos.
Con el corazón martillando en mis oídos, busco a tientas mi celular. Busco el icono de la linterna y casi esperando que no suceda nada, lo presiono, pero la luz se enciende iluminando cada parte de mi pequeña habitación. Todo ha sido un sueño.
Intento levantarme, pongo un pie en la fría baldosa, justo en ese momento unos brazos pálidos me rodean y me arrastran lejos de la luz , una luz que sé, no volveré a ver.
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