📘 «Planetazo (uno más)» (ES/EN)

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Si algo ha demostrado la edición del Premio Planeta es que ya no hace falta ni disimular. Otorgar este año el galardón a Isabel Allende no es un reconocimiento literario: es una operación de mercado ejecutada con una torpeza que roza el insulto a la inteligencia de los autores que confiaron en el concurso.

Vamos a lo básico. Allende se presentó con una novela que resulta ser la continuación de su obra más célebre, publicada hace 44 años . ¿De verdad alguien cree que un jurado compuesto por nombres del establishment editorial español no reconoció el estilo de una de las autoras más vendidas del planeta? Es como si alguien se presentara a un concurso de imitadores de Elvis con patillas y traje de lentejuelas y el jurado jurara no haber notado nada.

La propia Allende admitió que nunca se había presentado a un concurso "para evitar la humillación de quedar a la cola" . Con 80 millones de ejemplares vendidos, el riesgo no era literario: era de imagen. Y Planeta le ofreció exactamente lo que necesitaba: un millón de euros y una portada nueva.

L clave que los medios más entusiastas omiten con una delicadeza sospechosa es que Allende publicaba desde hacía más de cuatro décadas en Plaza & Janés, sello perteneciente a Penguin Random House, el competidor directo de Planeta . El premio no "descubre" a nadie, compra a una autora estrella y le arrebata a la competencia el lanzamiento más rentable de la temporada.

Que el millón de euros sea en realidad un anticipo por derechos de edición no es un detalle menor . Planeta no entrega un premio, invierte en un producto. Y el producto es la secuela de una novela que lleva vendiéndose ininterrumpidamente desde 1982.

Este año, las redes se llenaron de indignación. Pero la indignación selectiva es hipócrita. En 2025 ganó Juan del Val, colaborador de televisión vinculado a Atresmedia, grupo empresarial del mismo conglomerado que Planeta . En 2023, Sonsoles Ónega, presentadora de Antena 3. Las críticas fueron feroces, sí. Pero el mecanismo era idéntico, usar el premio para promocionar productos del propio ecosistema empresarial.

La diferencia con Allende es que ella, al menos, escribe (a algunos les parece que no, o sea argumentan que es pésima autora). Pero eso no limpia la operación, solo la hace más sofisticada.

El Planeta no es un premio literario. Es una herramienta de adquisición de derechos disfrazada de certamen. Y los autores que presentaron sus manuscritos este año compitieron, sin saberlo, contra una novela que ya tenía editorial, público y campaña de marketing antes de que se anunciara el fallo.

¿Que Allende es una gran escritora? La posteridad se encargará de eso. ¿Que La casa de los espíritus es una obra inquietnte? Por supuesto. Pero precisamente por eso, no necesitaba este premio. Y precisamente por eso, otorgárselo convierte el Planeta en lo que siempre fue, un negocio con una gala muy bonita.

Cuando alguien defienda el Planeta como un impulso a la literatura, que explique por qué el jurado no reconoció bajo seudónimo a la autora más vendida en lengua española. O por qué el premio siempre acaba en manos de alguien que ya tiene contrato, agente y estantería en el aeropuerto.

No es un concurso. Es un fichaje con aplausos.

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☘️ © Contenido Original.

☘️ Imagen creada en Géminis IA.

☘️ Versión al inglés con Traductor de Google

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Algunos de mis libros publicados son: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), En este lado de la muerte (2014), El orden natural de las cosas (2015), La Sangre del Marabú (2020), La Sexta Caballería de Kansas (2024) y La Nada Infinita (2024)

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If the Planeta Prize has proven anything, it's that there's no need to even try to hide it anymore. Awarding the prize to Isabel Allende this year isn't literary recognition: it's a marketing ploy executed with a clumsiness that borders on insulting the intelligence of the authors who placed their trust in the competition.

Let's get down to basics. Allende submitted a novel that happens to be a sequel to her most famous work, published 44 years ago. Does anyone really believe that a jury composed of names from the Spanish publishing establishment didn't recognize the style of one of the world's best-selling authors? It's like someone entering an Elvis impersonator contest with sideburns and a sequined suit, and the jury swearing they didn't notice a thing.

Allende herself admitted that she had never entered a contest "to avoid the humiliation of coming in last." With 80 million copies sold, the risk wasn't literary: it was about her image. And Planeta offered her exactly what she needed: one million euros and a new cover.

The key fact that the most enthusiastic media outlets omit with suspicious delicacy is that Allende had been publishing for over four decades with Plaza & Janés, an imprint belonging to Penguin Random House, Planeta's direct competitor. The prize doesn't "discover" anyone; it buys a star author and snatches the most profitable launch of the season from the competition.

The fact that the million euros is actually an advance for publishing rights is no small detail. Planeta isn't handing out a prize; it's investing in a product. And the product is the sequel to a novel that has been selling continuously since 1982.

This year, social media was filled with outrage. But selective outrage is hypocritical. In 2025, Juan del Val, a television personality linked to Atresmedia, a business group within the same conglomerate as Planeta, won. In 2023, it was Sonsoles Ónega, a presenter on Antena 3. The criticism was fierce, yes. But the mechanism was identical: using the prize to promote products from within the business ecosystem itself.

The difference with Allende is that she, at least, writes (some disagree, arguing that she's a terrible author). But that doesn't cleanse the operation; it only makes it more sophisticated.

The Planeta Prize isn't a literary award. It's a rights acquisition tool disguised as a competition. And the authors who submitted their manuscripts this year unknowingly competed against a novel that already had a publisher, an audience, and a marketing campaign before the winner was even announced.

Is Allende a great writer? Posterity will decide that. Is The House of the Spirits a disturbing work? Of course. But precisely for that reason, she didn't need this prize. And precisely for that reason, awarding it to her turns the Planeta Prize into what it always was: a business with a very pretty gala.

When someone defends the Planeta Prize as a boost to literature, let them explain why the jury didn't recognize the best-selling Spanish-language author writing under a pseudonym. Or why the prize always ends up in the hands of someone who already has a contract, an agent, and a shelf at the airport.

It's not a competition. It's a handpicked signing.

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☘️ © Original Content.

☘️ Image created in Gemini AI.

☘️ English version with Google Translate

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Some of my published books are: Convite de Cenizas (2002), After the Skin (2004), On This Side of Death (2014), The Natural Order of Things (2015), The Blood of the Marabou (2020), The Sixth Cavalry of Kansas (2024), and The Infinite Nothingness (2024)

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