Desde que a mediados del pasado mes de enero y hasta el día de hoy, la humanidad entera, por obra y gracia de un minúsculo virus imperceptible a simple vista, se ha convertido en protagonista de una película de terror, al mejor estilo de alguna producción hollywoodense apocalíptica.
El pánico que ha generado el Covid-19 entre la población, tiene razones muy bien fundamentadas: la Organización Mundial de la Salud ha informado que más de un millón de seres humanos ha sido contagiado, con un lamentable saldo en pérdidas de vidas humanas que supera las 70.000 almas.
Entre las diversas medidas que han tomado las autoridades sanitarias y gobernantes del mundo, destacan entre otras, el uso de tapabocas o mascarillas, el lavado frecuente de las manos con jabón o gel antibacterial a base de alcohol, y claro está, la cuarentena forzada o aislamiento social con la finalidad de cortar la cadena de propagación del virus.
Venezuela no ha sido la excepción desde que se confirmaran los primeros casos. Desde el pasado 13 de marzo se decretó la cuarentena, con restricciones a la libre circulación de personas, salvo quienes laboran en los sectores vinculados a la salud, servicios públicos, organismos de seguridad y expendio de alimentos y medicinas, lo que ha vaciado las calles y carreteras del país.
En varias ocasiones he tenido que salir de mi hogar con el fin de aprovisionarme de víveres, y existiendo una aguda crisis de suministro de combustible, lo he hecho a pié, lo que me ha permitido percatarme de las dimensiones de la cuarentena: calles y avenidas que antaño se encontraban abarrotadas de transeuntes y vehículos, hoy en día se encuentra prácticamente desiertas.
Sin embargo, en los abastos, mercados y otros locales dedicados a la venta de alimentos, la situación es diferente: en algunos, por su reducidas dimensiones, se ven obligados a limitar el número de personas en su interior, por lo que algunos se ven obligados a esperar en las afueras; en otros, las personas se aglomeran en su interior sin respetar el distanciamiento social, lo que es contrario a las medidas preventivas.
Tarde o temprano, esta pandemia llegará a su fin y la humanidad entera se reincorporará nuevamente a sus actividades habituales, como ha sucedido en ocasiones anteriores.