El cantar de las olas bajo el zinc estrellado
bajo el techo radiante que su ágora hechiza
con el humo que brota de su mágica pipa
marinero de días ya se siente cansado.
El cantar de sirenas con el mar mimetiza,
la fantástica rima de la red en sus manos
cuando pesca moluscos y crustáceos mutila
el hedor su fragancia de saín de pescados.
Las palmeras aplauden un adiós en el tiempo
cuando zarpa consigo experiencias vividas,
con la barba caída, marinero de días,
entre el mar va pasando el azul de sus sueños.
Las medusas se anidan para dar bienvenida,
serpentinas marinas de belleza dañina.
Acicalan su barca de madera podrida
mientras roza el abismo con su ancla dormida.
Sus mejores amigos los delfines, cetáceos
que van guiando con saltos una mar sobreherida
y el salitre que ciega los perdidos encantos
del marino inmaduro que la arena suspira.
Han pasado los años entre soles y lunas,
su mirada tranquila y sus pies encallados,
pisan tierra de nuevo y con gran quemadura.
Marinero se sienta en el muelle callado.