Portada diseñada por mi en el editor de Canva
Today, I want to share something with you that is, in a way, part of my life—at least a small part of it, specifically regarding my childhood. A few days ago, I had the chance to return to Montalbán, a town in the western part of Carabobo state, Venezuela, where I spent the first seven—almost eight—years of my life. The reason for the visit this time was not a happy one, as it had been on previous occasions; rather, it was because my beloved paternal grandmother was no longer with us. We had to bid her farewell amidst melancholy and sadness, yet also with resignation and the hope of eternal life beyond death. However, as I walked along the street where I lived during those childhood years, I encountered another disheartening sight. It was a small grocery store—or a *bodega*, as we call such shops in Venezuela. This one was known as "Raúl’s Bodega." I still remember old Raúl, with his deadpan humor, greeting customers from behind the counter as he served them. I recall the coolness inside the shop, despite the midday heat—thanks to the fact that it was an old *bahareque* building, very much in the colonial style.
El día de hoy quiero mostrarles algo que de alguna manera forma parte de mi vida, al menos un poco y en lo que respecta a mi niñez. Hace unos días tuve la oportunidad de regresar a Montabán, un pueblo al occidente del estado Carabobo en Venezuela, el lugar donde pasé los primeros siete, casi ocho años de mi vida, el motivo esta vez no era alegre, como en las ocasiones anteriores, sino porque mi amada abuela paterna ya no se encontraba más con nosotros, nos tocó despedirla en medio de la melanclía y la triteza pero también de la resignación y la esperanza de una vida eterna más allá de la muerte, sin embargo, mientras caminaba por la que fue mi calle en aquellos años de niñez me encontré con otra escena desoladora. Se trataba de una pequeña tienda de abarrotes o "Bodega" como le llamamos a ese tipo de tienda pequeña en Venezuela, "la Bodega de Raúl" le decían a esta, y siempre recuerdo al viejo Raúl con su humor pétreo recibiendo a la gente detrás del mostrador mientras los atendía, recuerdo la frescura del interior de la tienda a pesar del calor del mediodía (pués se trataba de un antiguo edificio de bahareque, muy del estilo colonial)
So, imagine my surprise and sadness at finding it in this state. On previous visits to the village, I had seen the building in a state of disrepair, but at least it was still standing. Now, it is almost completely destroyed; it barely retains its main entrance—the very doorway through which I used to run so often (back in the nineties) to buy sweets or see what new items had arrived at the little shop. I still remember the colorful candies in glass jars on the counter and the famous "surprises" Raúl used to sell. These "surprises" were small packets wrapped in cardboard and cellophane; you paid for them without knowing what was inside. Usually, they contained a cheap plastic toy—the kind you find in piñatas—and a piece of stale, old candy. Yet, for some reason, we kids were obsessed with them—perhaps because of the anticipation of not knowing exactly what you would find.
Así que imaginen mi sosrpresa y tristeza al encontrarlo en este estado. Las veces anteriores en que yo fui al pueblo vi este edificio muy deteriorado pero al menos seguí de pie. Ahora está casi totalmente destruído, a duras penas conserva su puerta principal por la que tantas veces (allá en los noventa) entré corriendo a comprar dulces o a ver que novedades habían llegado a la tiendita. Todavía recierdo los caramelos de colores metidos en frascos de vidrio sobre el mostrador, y las famosas "sorpresas" que vendía Raúl. Estas "Sorpresas" eran paquetitos envueltos en cartón y papel celofán por los que pagabas sin saber que tenían a dentro y por lo general era algún juguete de plástico de esos que vienen en las piñatas y algún caramelo rancio y avegentado, pero para los niños, no sé porqué, era tda una obseción, quizá por la expectación que generaba el no saber que te ibas a encontrar exactamente.
Yet, this old public telephone—which proved so useful in those years—remains stoic, a testament to resilience and endurance. This object perhaps embodies the fortitude, mettle, resilience, and endurance of Montalbán itself: a town that refuses to die despite neglect, that retains its charm even in decline, and that—though it may now remind us of García Márquez’s Macondo in its final days, or more aptly, of Ortiz (the town from Miguel Otero Silva’s famous book *Casas Muertas*)—will always be a charming village, a dreamlike valley nestled in the mountains.
Sin embargo aún permanece estoico, como una prueba de resiliencia y resistencia, este viejo telefono público que resultó tan útil en aquellos años. Este objeto es quizá la representación de la entereza, el temple, la resiliencia y la resistencia de Montalbán mismo, un pueblo que a pesar de la desidía se niega a morir, que conserva su encanto aún en la decadencia, y a pesar de que hoy nos recuerde al Macondo de García Márquez en sus últimos días, o más propio aún, a Ortiz (pueblo del famoso libro de Miguel Otero Silva "Casas Muertas") Montalbán siempre será una villa de encanto, un valle de ensueño en medio de las montañas.
Y bien, esto era lo que quería compartir con ustedes, muchas gracias por leer mi post, nos vemos en otra ocasión, Dios mediante, les mando un gran abrazo y les deseo un feliz inicio de semana.
Y bien, esto era lo que quería compartir con ustedes, muchas gracias por leer mi post, nos vemos en otra ocasión, Dios mediante, les mando un gran abrazo y les deseo un feliz inicio de semana.
Imagen diseñada por mi en el editor de Canva.
All images in this post are my own, taken with a ZTE Blade A51.
Todas las imágenes de este post son de mi propiedad, las tomé con un teléfono celular ZTE Blade A51.