Hay flores que nacen entre espinas… y nos recuerdan que la esperanza siempre encuentra su camino.
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Hoy me encontré con este cactus frente a la casa de un vecino y no pude evitar detenerme a mirarlo.
En medio de tantas dificultades, de días grises y momentos en los que parece que todo pierde su color, ahí estaba él… lleno de flores, demostrando que incluso en los lugares más inesperados puede nacer algo hermoso.
Y pensé que quizás nosotros somos un poco así. A veces nos toca vivir entre espinas, atravesar tormentas y aprender a resistir en silencio, pero eso no significa que hayamos perdido la capacidad de florecer.
Porque tener espinas no nos impide dar flores, y haber sufrido no nos quita el derecho a volver a ser felices.
Hoy elijo quedarme con esa esperanza. ¿Y tú?