He vuelto a dormir poco, es inevitable, en el momento que tengo algo es decir tengo cualquier circunstancia, mi cuerpo pues se activa de una forma distinta y para variar antes de las cinco, despierto. Me queda el consuelo que al menos, el reloj, me marca que he te tenido más de dos horas de sueño profundo. No está mal, algo es algo.
Me he acordado de Florencia, la ciudad excesiva. No he estado en Roma, pero me puedo imaginar. Florencia, para mi fue una pasada, el primer viaje en años, después de la gran crisis que me arrasó. Apunté y apunté todo lo que pude, pero me quedo mucho por ver. La ansiedad, no es buen compañero de viaje. Y la compañía, no era la mejor para mi. No mezclábamos bien.
Tengo recuerdos encontrados, no pude ver el corredor vasariano, no pude ver las catacumbas de la colina que corona Florencia y me perdí los jardines de Bóboli y la capilla de los Medici. Pero si vi, y vi mucho. Pude probar la comida, alguna especialidad regional como el lampedrotto(bocata de callos) y los helados por dios, ¡qué buenos están los helados florentinos!
El recuerdo que tengo de Pisa, es amargo, un largo viaje. El hotel, estaba bien, era una casa habilitada, y tuvimos habitaciones individuales, lo cual, después de la colectividad de los otros cuatro días en Florencia, fue un alivio, pero el día no fue como debía. Tardamos en encontrar el alojamiento, tardamos en arrancar de ahí hacia Pisa, nos perdimos y no pudimos llegar al restaurante a una hora decente para comer, pero bueno al menos vi lindos gatos.
Todo esto en resumen, me hace reflexionar, sobre la ansiedad, la pobreza, la castración que impone la vida no ya austera por elección, si no austera por carencia. Lleva a comportamientos que te alejan de la sociedad, está claro, lo que luego, hace más complicado el encaje.