Cuando te acuestas con tantos asuntos pendientes, pasa esto. Qué te desvelas a la mínima. También el hambre, tiene algo que ver, te pesas, sigues en la misma subida, pero sabes que no puedes tomarla en cuenta, al menos toda, porque estás tirando como un toro en el gym y la ropa sigue quedándote estupendamente.
Son muchas cosas el equilibrio, todo para no sentirme como Cristo la noche antes en Getsemaní. Luego se pagan las consecuencias, de las malas noches, vienen malos días.
Quién no lo haya vivido, no sabe de lo que hablo. Hay que ser valiente, contra las inseguridades, dime qué no y lo haré, mientras haya un resquicio, por ahí me cuelo, aunque a veces, tenga que dar codazos.
El hambre, me taladra las tripas. A veces me pregunto, donde me he metido, Me pregunto porqué son tan mentirosas y porqué están tan locas. Olvídalo, nadie va a entender esto.
Al final, lo que no se comprende, se toma por loco, imbécil o dios sabe que. A veces es como sentirse como Messi que lo pusiera el PSG de lateral derecho, intentando hacer ver que no es su sitio, ante el clamor cada vez más general, de lo contrario.