Hay un olor que ronda la casa,más exactamente, la cocina. Llevo un rato sentado, viendo una película española intrascendente, sobreactuada, teatral, que queréis que os diga.
Cada vez lo noto más, un olor que viene, que se expande por la casa, es tenue pero innegable. Un olor cómo a caldo de puchero que estuviera cociéndose lento.
Más bien que cociéndose lento, como si estuviera terminado y hubiese dejado por accidente el fuego encendido, pero a baja potencia, las prisas a la hora de cerrar el fuego, una especie de standby pero largo.
La película, no me atrae, excepto por el desfile de ellas, pero aún así, el olor todo lo envuelve, según va desgranando su metraje. Tengo la sensación de tener una mascarilla empapada de caldo que va envolviendo en su abrazo húmedo el rostro.
Vencida la desidia,decido ir a la cocina murmurandome a mí mismo una vaga excusa o una excusa vaga. El tintineo de la luz, demora el momento de visibilidad en la cocina.
Tengo la vista cansada, y como ya he dicho, la película no ayuda mucho. Finalmente el destello y se hace la luz, sobre el fuego no hay nada, ni encendido mi apagado, la cocina, luce vacía e impoluta.