Después de más de dieciséis años conmigo, de haber sido testigo de mis noches, y de mis días, compañero fiel en mis desatinos, y mis noches locas de alcohol y sexo, ha llegado el momento de abrirle la puerta y dejarlo ir. Evidentemente, no estoy hablando de Eko, si no de mi colchón.
Bajar algo de metro cincuenta de ancho por dos metros de largo y treinta kilos de peso, no es tarea menor, pero finalmente, he podido hacerlo con alguna que otra artimaña y ayuda. Hoy es el día que se tiran los muebles en mi barrio, al bajar, los vecinos más cotillas del bloque, no esperaba menos y había buenos muebles en el entorno del contenedor, pero estoy más por la labor de deshacerme que de poseer.
Día perro de calor, el maldito terral nos ha golpeado con furor y aunque la mitad o más del tiempo, he estado fuera de su influencia, el día ha sido devastador de tensión baja y dolor de cabeza. Ahora voy por mi ibuprofeno.
Mañana, espero un brote de inspiración que me ayude a arrancar, este periodo tan favorable que se inicia con el fin del trimestre que, bendito sea, ha dolido menos, que otras veces.