Qué tal mis amigos, gusto en saludarles. aquí dejo la palabra para nosotros hoy.
Efesios 4.29.
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.
Nuestras conversaciones deben ser edificantes, palabras que llenen, que animen, que curen, que alienten. Por eso el apóstol Pablo exhortaba a tener una buena manera de hablar, sin mentiras, sin lujurias, sin contiendas y murmuraciones. Recordando también que la Biblia dice que “En las muchas palabras no falta el pecado; más el que refrena sus labios es prudente”. Porverbios. 10.19. Creo que una de las maneras más fácil de pecar es “hablando”. Cuantas cosas decimos sin pensar en las consecuencias, cuantas mentiras salen de nosotros, cuanta arrogancia, cuantas críticas. Todo esto perjudica nuestro espíritu y daña nuestra manera de hablar.
Nada mejor que una conversación sana, donde lo que hablas y escuchas sea agradable a tus oídos. Uno se siente agradado, complacido y a gusto con quien habla. Esas son las conversaciones que debemos atender, esas que provoca no dejar y en las que parece que el tiempo vuela. Me ha pasado así, y es sencillamente maravilloso. Tratemos siempre de hablar cosas que edifiquen al oyente y a nosotros mismos. En tus conversaciones, trata de aportar algo que te agradezcan después, y mantente al margen de aquellos que no te aportan algo de provecho. Con esto no te estoy diciendo que los rechaces, no, sino que no prestes tu oído a cosas vanas. Busquemos lo que nos edifica, nos enseña, nos llena, de modo que nos sirva para toda la vida. Cuando no tengamos algo de provecho que decir, mejor no digamos nada. Recuerda que en nuestras palabras está la vida y la muerte, podemos dar vida con muchas palabras, pero también podemos matar con solo una. Tengamos en cuenta el poder de las palabras.
By, @luzmary