Siempre creí que sabía todo sobre amor,
o al menos lo necesario,
lo básico.
Lo que todo el mundo debe saber para romperse el corazón y arreglarselo solito.
Me decía que las noches eran para estar tristes
-si se quería-
pero en el día una sonrisa y a enfrentar la vida.
Que las letras cursis y nostalgicas eran suficientes para expresarlo,
y en la mañana un cafecito para estar bien.
Y luego, bueno luego llego Ella.
Así.
Tan espontánea.
Tan Luna.
Y me quedé sin letras para describirla
e imposible me es, aún después de dos años, descifrarla.
Es imposible saber qué quiere y cuándo lo quiere.
Me hace reír a carcajadas de la misma manera en que me hace enojar.
Pero me conquista,
siempre me conquista.
Cada milésima de segundo.
Me enseña más de lo que yo la puedo enseñar a ella.
Y ¿saben qué? La amo, de verdad la amo.
De una manera muy sencilla. Así, tal cual es.
Estas somos nosotras. La que intenta escribir y la que sin duda la inspira. Soy Daniela, y ella... Ella es mi pequeña Naiara.