Me he encontrado en una cárcel llena de púas,
con poco lugar para moverme,
luchando por no ser atacado en medio de la noche,
por enemigos mal vivientes.
Que vivieron toda su vida en la inmundicia de la mala costumbre,
costumbre que los llevo a este lugar horripilante,
donde sus prácticas lo hacen más fuerte al salir a la calle,
no se regeneran porque lo llevan en la sangre.
Sangre que se brota por delinquir,
es más fuerte que la droga que ellos venden,
la venden porque existen hijos de otros,
que en otras condiciones tienen el dinero que alimenta su negocio,
negocio que crea morbo y los hace rico,
pero que no pueden disfrutarlo porque son perseguidos,
perseguidos porque ellos lo han elegido.
Al irse por el camino fácil,
camino fácil que no sirve,
que lo único que queda es que terminen,
en un cementerio 7 metros bajo tierra,
comidos por gusanos y nunca recordados.