Deseosos de tenernos, hambrientos de tocarnos, la lujuria arropaba la sensatez, la razón no existía, el mundo se había extinguido, amarrados al secreto el instante de sentirnos lo convertíamos en eternidad, los minutos en que las pieles se entregaban podíamos transformarlas en horas, las caricias las hacíamos eternas, y los besos no mermaban en ningún rincón de nuestros cuerpos.
Por momentos embelesado me observabas, y atrevidamente yo, propiciaba tu pasión... Desterrábamos nuestros mundos reales por algunas horas en la que construíamos uno lleno de fantasías verdaderas, mientras acallábamos ese delirio inexorable que nos invadía sin control.
Para que palabras? eran inexistentes, muchas caricias, tantos gemidos, solo el aire era el testigo cuando tus manos recorrían mis montañas, cuando tus labios iniciaban un camino lleno de aventura para llegar al lugar que yo tanto esperaba, ocupando mis espacios con tus dedos para luego premiarlos con tu boca, cuando tu cuerpo resbalaba en el mío, mientras insistentemente te apoderabas de él, cuando estando allí despertabas como volcán cada poro de mi piel, acercándome al cielo, llevándonos al límite del delirio para seguir siendo esclavos, sentenciados a la impiadosa necesidad de ser amantes.