Cuando ves todo caerse a tu alrededor, tus desiertos y tu soledad se juntan para hacerte creer que eres nada, miras alrededor y no encuentras la fe que te puede sostener, se multiplican tus enemigos y las saetas son cada vez más, pero hay en medio del silencio recuerdas.
Recuerdas a Aquel que sufrió y resistió hasta la muerte, al cordero de Dios, y le ves, le contemplas.
Es en ese momento que levantas tus manos al cielo y de tu interior brota una palabra, dicha miles de veces pero diferente en ese momento:
GRACIAS.
La foto fue tomada con mi teléfono en las instalaciones de la iglesia donde estamos realizando una escuela de pensamiento cristiano de Jucum.