Como adolescente debutaba
con inocencia en su mirada
una sonrisa fresca y dulce, su rostro plasmaba.
Dejaba de ser una niña.
Revoloteando como mariposa iba de un lado a otro,
como salida de un cascarón,
como si estuviese naciendo de nuevo y abriendo los ojos ante el mundo entero.
Podía sentir libertad.
Podía volar sin alas.
Podía soñar sin estar dormida.
Sueños que en el aire se palpaban
y con una sonrisa hacían que se elevaran.
Su irreverencia modelaba en su actitud, su atuendo la hacia notar y
su forma de hablar, la expresaban en su totalidad.
Experimentando el primer beso, la primera caricia,
avergonzarse ante la primera mirada,
festejando el primer cumplido,
sintiendo por primera vez,
enamorándose como si fuese la única vez.
Conociendo el desamor y la desilusión.
Entre libros de amor se debatía,
esperando una respuesta, a lo que el mundo real le proponía.
Escribiendo, escribiendo, entre hojas blancas, plasmaba lo que le pasaba,
iniciando su historia adolescente, donde cada palabra, frase u oración
estaban llenas de fantasía, amor y magia.
Y así entre amor y desamor, emociones y sentimientos,
logros y fracasos, decepción y satisfacción,
música, letras, libros y colores
trascurría su añorada adolescencia.
Nos Leemos Pronto