Es de madrugada y me fumo un cigarro con tu recuerdo
desperté para inventarle a esta tristeza unos versos,
pero se me fue la inspiración con el frío del despecho
porque ya no arde en mi corazón aquel bendito fuego.
¿Dónde fue que se acabó el vino de nuestro deseo?
¿En qué parte del camino dejé colgado mi credo?
Dejé de creer en Dios porque en las tardes no te espero.
Dejé de creer en mi, ahora sólo creo en el sosiego.
No es mucha la conversación que encuentro en un cigarrillo,
nace y agoniza como la canción que sólo tiene un estribillo,
el fuego de la memoria lo mata y la noche pierde ese brillo
que me acompaña en la soledad con su ciclópeo ojo rojizo.
No me extraña que en la madrugada piense más en ti,
fueron las horas en que el frío te acercaba más a mi,
tu abrazo era la puerta siempre abierta para ser feliz
y ahora que no estás, ya no hay color. Todo es añil.
Recuérdame ¿Por qué demonios yo te dejé ir?
el cigarro pendenciero no puede responder una duda así,
los perros aúllan a lo lejos con su lamento infeliz,
pero nada me acerca un tantito a la razón de verte partir,
¿Será que el amor se confundió con la temida costumbre?
¿O qué se secó como lo hace un ternero en la lumbre?
No sé que nos pasó, el humo se parece a la incertidumbre
que sentí alguna vez cuando creía que siempre estuve.
Es de madrugada y no sé a dónde ha escapado el sueño,
el cigarro aburrido no responde, ni siquiera con un gesto,
mañana es otro día en el que debo seguir con lo puesto
que es una soledad maldita y un dolor con el que no puedo.
Pensé en hacerte unos versos que parezcan de amor,
pero el amor se ha mezclado con el lodo de la desolación,
ya no siento aquella algarabía que nublaba la razón,
estoy tan oscuro y solitario, que ni siquiera siento rencor.
Quisiera poder escribirte un poema de los que disfrutabas tu,
que leías con tu sonrisa inventando una rima para "azul",
pero las palabras se esconden en el ignoto baúl,
y no las encuentro, porque para mirar, me hace falta tu luz.
Foto Propia