Según algunos estudios geológicos, la formación montañosa que atraviesa Venezuela de oeste a este es una prolongación de los andes... La cadena de montañas más grande del mundo. Entonces cuando los caraqueños visitan el Warairarepano (también conocido como El Ávila) es como estar conectados al Pichincha, al Ojos del Salado o al Antofagasta por ejemplo.
El hecho claro es que este parque nacional, no solo purifica el aire de Caracas o sirve para que los capitalinos puedan distraerse sino que desde una óptica más romántica, te muestra la ciudad bajo otra perspectiva.
Sentarse a contamplar la urbe desde cualquier sitio de las innumerables rutas que ofrece la montaña, es para mí una experiencia sublime. No la hace ver pequeña, no. Al contrario, la engrandece.
El mundo se expande, la ciudad crece y poco a poco comprendemos que somos un fragmento de vida en un sitio donde convergen muchas vidas. Si, la naturaleza es hermosa allá arriba. Pero la ciudad es inmortal desde arriba.
Pero si la belleza no fuera suficiente. Como el Warairarepano es generoso, muchas de sus rutas se pueden hacer de noche y de noche la ciudad es un cielo a los pies. Incluso más fascinante que el firmamento, con muchasas estrellas, muchos más colores y mucho más cerca.
Visitar el Ávila y mirar a Caracas desde arriba, no es sentirse superior, ni imaginar que se tiene la ciudad a los pies. No. Es la certeza de que somos parte de algo mucho más grande, más sólido, más fuerte y más eterno.