Este es mi post número 50, es súper especial para mí... Porque en este post voy a contar una de las historias más felices de mi vida. Y ya entenderán el título de esta publicación.
Hace siete años, estaba en la que era mi oficina, era más o menos las 6:00 pm cuando recibo una llamada de mi madre anunciandome que mi hermana se había puesto de parto. Obviamente estaba embarazada, su niño supondría el primer sobrino y evidentemente le esperaba con muchas ansias.
Vivo en Caracas, mi familia en Maracay (una ciudad al occidente de la capital, como a una hora de camino) lo cierto es que intenté salir de inmediato pero no fue posible. Tras pasar la noche en vela, me enteré como a las 10:00 pm de que ya había nacido el bebé, hermoso, grande y sobre todo, sano.
Al día siguiente salí en el primer bus al encuentro del anhelado nuevo integrante: y al cabo de dos horas de ansiosa emoción lo encontré, mínimo, inocente y desde ya sabía que lo querría para toda la vida.
Lo amé automáticamente, no se que se sentirá tener un hijo, pero si es más intenso que tener un sobrino, no sé si tendré en mi léxico palabras para describirlo cuando ocurra. Por cierto, Arturo José fue el nombre que le dieron sus padres y desde entonces para mí ha sido: su majestad, El Rey Arturo.
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Y desde entonces seguí muy de cerca su crecimiento. Creo que crecí junto a el. Me he reído mucho con sus imparables ocurrencias, me enamora su incorruptible imaginación, cuando me siento solo, cierro los ojos y recuerdo esa sonrisa y no hay mal que no se disipe...
Hoy, este niño cumple 7 años. Por causa del Coronavirus será el segundo cumpleaños en el que no esté para celebrar junto a él y mi familia tan notable acontecimiento. Y si, estoy un tanto nostálgico al respecto, porque cómo dije antes, ese bebé es una de las partes más felices de mi vida.
Nació en plena época del Chincungunya pero afortunadamente nunca le afectó. Mi padre lo llama el "chicungunyito", porque eso si, no hay ocurrencia y travesura que no ejecute. Tiene una curiosidad maravillosa y una forma de mirar el mundo que ojalá nunca pierda.
A su lado, es imposible no volver a sentirse niño otra vez, pero parafraseando a un autor francés: "todos hemos sido niños, solo que pocos lo recuerdan"
¡Feliz cumpleaños, Arturo!
Te amo!!!