Te deseo,
a pesar de todo.
A pesar del despecho que me quema la garganta, a pesar de las veces que te fuiste sin cerrar la puerta, dejándola abierta como una herida.
Te deseo con esa saudade para nombrar lo que no tiene nombre: esta mezcla de nostalgia y ganas, este recordar tu cuerpo como quien recuerda un país al que no puede volver.
Y te espero.
Mira qué ironía, qué ridículo, qué humano.
Te espero sentada en el borde de la cama, con las piernas cruzadas y el alma en vilo,
sabiendo que quizás no vengas,
que quizás nunca más, pero esperando igual.
Porque el deseo no entiende de razones.
Porque el despecho no mata las ganas,solo las vuelve más amargas, más hondas,
más necesarias.
Y aquí sigo, con la piel lista
y el corazón hecho pedazos,
deseándote, extrañándote,
odiándote un poco, amándote más.
Esperando que un día,
cuando menos lo merezcas,
la saudade te traiga de vuelta
y yo, tonta, débil, tuya, abra la puerta.