¡Hola, apreciados compañeros de comunidad! Espero se encuentren bien y hayan pasado un día maravilloso. Me acerco a este espacio para compartirles otro cuento de mi autoría. El mismo fue escrito inspirado en un personaje recurrente en las obras de teatro de mi director teatral y gerente del grupo Teatro Estable de Villa de Cura (casualmente el grupo cumplió 39 años de trayectoria). Espero que el cuento logre sensibilizarlos. Cualquier crítica u opinión, no olviden dejarla en la casilla de comentarios. Estoy ansioso por leerlos. ¡Nos vemos en una próxima publicación!
"Mónica"
Mónica deseaba ser una gran actriz y estaba dispuesta a todo con tal de lograrlo. Al nacer, los padres de Mónica se divorciaron, ya que su madre sostuvo que era hija de otro hombre, luego de que ella descubriera a su esposo en su propia cama con otra mujer, quizás fue su venganza, pero eso nunca lo supo la futura actriz. Al poco tiempo la madre sufrió depresión y decidió acabar su pesar lanzando su cuerpo a los rieles de un tren.
A los veinte años Mónica recordaba regularmente su infancia, a pesar de que en ella había sufrido de acoso por su pasada obesidad, la cual le produjo trastornos gástricos, sobre todo después de padecer bulimia ante el constante temor de volver a engordar y sufrir la burla que le angustió, además, por la idea de que, para ser actriz, no podía tener sobrepeso.
Su primer profesor de actuación fue su primer novio, pero era posesivo y Mónica lo apartó rápidamente de su vida, y no volvió a tener ese tipo de inconveniente. Los próximos años fueron de estudios, graduaciones, de funciones teatrales, al tiempo en que conocía gentes del medio y el público local comenzaba a conocer su trabajo.
Su fama fue la de una excelente actriz que con disciplina y estudio recibió respetables reconocimientos, ella sacrificó casi su vida por sentir bien aquel cuerpo que seguía engañándola con la gordura, al punto que costó reanimarla de la anestesia luego de una liposucción en el abdomen, pero por fortuna, no le llegó a ocurrir igual con su rinoplastia, amén de otros tratamientos que le produjeron dolor físico pero la hicieron más adorable a la vista de todos, por ello, las cámaras cinematográficas comenzaron a amarla, grabó entonces películas exitosas que le valieron la admiración del público nacional e internacional.
Todos disfrutaban viendo a Mónica en la gran pantalla, en la entrega de premios, en actividades benéficas y entrevistas con cierto tinte político, aunque de eso no se expresara con pasión. El esfuerzo fue doble, debió competir en muchos castings por distintos papeles importantes, toleró el trato hipócrita de personas que le profesaron amistad y, tal como pensó, clavaron en su espalda puñales, no obstante, poco comprendió el porqué, ya que siempre arriesgó lo que tenía, convencida de que invertía en su futuro, incluyendo las buenas relaciones que no tuvo.
Su fama le generó dividendos que protegieron su estabilidad emocional, cuando se sentía atacada por la prensa amarillista, enseguida pagaba para elevar su reputación, dando un contraataque que le abrió aún más las puertas de la popularidad. Se convirtió en toda una figura pública, adorada por muchos, odiada por otros. Su opinión sobre cualquier tema alcanzó el interés hasta de los políticos que la seguían y el desprecio de las que creían ser sus rivales.
El dinero y la fama le permitieron viajar por el mundo, ver el verdadero contraste social entre distintas culturas, observó la contaminación producida por las empresas de algunos amigos, padeció como todos la terrible pandemia de principios de siglo, de la que llegó a creer que se trataba de un invento del hombre rico para despoblar de miseria la tierra; convivió con criminales cara a cara que trataron de seducirla y exhibirla como trofeo, pero pudo a tiempo librarse al notar las intenciones ocultas detrás del brillo de cristales y el dulce aroma de los perfumes caros.
Con el tiempo ya Mónica había dejado de actuar, hacía años que dejó de hacer teatro y sus apariciones en el cine se redujeron a actuaciones especiales, que le generaron las mismas ganancias como a los actores que representaban a los protagonistas de las historias. La depresión le hizo compañía, ya no disfrutaba haciendo lo que amó en su infancia: ser la gran actriz, pero luego comprendió en su lógica de sacrificio y dolor que ese no era el fin, que esa sería más bien la consecuencia de todos sus actos, porque realmente lo que engrandecía su espíritu era memorizar y decir un texto, organizar y realizar las acciones de un personaje y componer la relación de este con los otros y sus determinados objetivos.
Mónica ya cansada por los años y su vejez, comenzó a escribir su biografía, pero sintió que no había vivido lo suficiente para contar lo que quería para que otros siguieran interesándose por su carrera; si volvía a actuar quizás ya nadie lo notaría. Fue cuando concluyó que de actriz se había convertido en una gran vedette, la que vendía cualquier producto con solo nombrarlo, que fue una herramienta más del mundo del márquetin y la publicidad, hasta ser objeto de curiosidad para las nuevas generaciones que bien buscaban aferrarse a algún amuleto para inspirar sus deseos artísticos.
En sus escritos Mónica reflexionó sobre todo lo que logró, pero también reveló haber desarrollado un odio profundo a la humanidad, a aquella por la que moldeó su cuerpo y su vocación, que para fortuna de los pocos que de verdad la recordaban, su biografía fue censurada y no se comercializó nunca.
(Lett / 09-03-21)
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