Piensa que el mundo no tiene la culpa de ver sólo lo que eres por encima. Piensa que eres tú la responsable de la forma en que el mundo te mira... Tú eliges... Tú disciernes. Puedes ser la mujer más hermosa aún cuando no llenes ese largo listado de estereotipos de belleza; de hecho, esa es la cualidad más grande que tienes: no imitas... ¡Eres!
Ni el cabello teñido, tacones, uñas postizas, y ni hablar de una falda cortita; ninguna de ellas llamarán tanto la atención, como una real y auténtica sonrisa. Suena a cliché, pero no lo es... Es real ¡créelo!
La belleza no es un cuerpo, no te dejes llevar. La verdadera belleza, no es terrenal; corresponde a otra dimensión, a un estado mental de elevación. Lo que lleves dentro, sin necesidad de decorarlo va a brillar... ¡Te juro que brillará!
Te advierto de una vez que nadie quedará atónito a tu paso, y que al cruzar la calle no pararás el tráfico; porque de lo que te hablo no es del lado real de ésta historia, sino del mágico. No vas a atraer a quien sea ─porque la belleza que posees no la merece cualquiera─ pero quien te logre ver, quien tenga la osadía de su paso detener; quien logre desnudarte el alma antes que la piel... Ese es quien vale de verdad. Es ese sobre quien tu belleza lanzará un hechizo que nada ni nadie sobre la faz de la tierra romperá; porque no existe en éste mundo conjuro que rompa un amor real y puro, ¡te lo aseguro!
Tú eres bella no por lo que traes puesto, si no por lo que atraes... ¡por supuesto!
Sofía Mendoza