Los perros son seres puros, seres que no conocen de envidia, odio, rencores, egoísmo.
Ellos siempre tendrán una imagen perfecta de ti aunque seas la peor persona. Para tu mascota tú eres lo más maravilloso del mundo, así seas todo lo contrario para el resto de las personas.
Dios los creó para que el ser humano tenga un amigo, así no pueda hablarte, se comunica con una simple mirada, con una cola moviéndose, con juegos para animarte y mejorarte el día.
Comparto este poema, todas sus palabras me recuerdan a los muchos perros que he tenido. En especial a mi Samba, una poodle que murió en agosto del 2017. Se fue de mi lado después de 13 años juntas. Fue mi amiga, mi confidente, mi abrazo peludo, mi hija, mi sonrisa. Siempre la tendré presente.
Copla a mi perro.
Algo hay en sus lametones
que yo adoro como un niño,
me contagia de energía
haciéndome sentir vivo.
Así es mi perro, el único
ser al que de verdad mimo,
fieles uno para el otro,
de lunes hasta domingo.
En él yace mi confianza
por tanto que hemos vivido,
juegos, paseos sin fin,
bajo su dulce ladrido;
sin olvidarme de aquellas
tardes de tormenta y frío
cuando el mundo nuestro era,
podíamos compartirlo.
Es llegar a casa y verle
sentado, solo y sereno,
casi aburrido tras horas
de solitarios ensueños.
Mas entonces se alza firme
y con un salto tremendo
se coloca frente a mí
demostrándome su apego.
¿Hay algo más fiel y hermoso
o de mayor sentimiento
que solo porque has llegado
tener feliz a tu perro?
No existe animal tan noble,
tan dichoso y tan sincero
tan único y vigoroso,
como este perro al que quiero.
Mi compañero de viajes,
mi estandarte de emociones,
mi amigo, siempre mi amigo
en todas las ocasiones.