Escribo con esa rabia
que destruye.
Entre líneas te auguro
un final feliz,
una manera de regresar
a lo que antes era irrisorio,
solo un sonido tenue
en una total oscuridad.
Puedo sentir tu olor
casi tocarlo
y cerrar las ventanas
para que se quede
a la deriva
en una suerte de nube
que agoniza.
La rabia me trasforma,
me obliga a seguirte por el espacio,
a tenerte en el recuerdo
como un mecanismo suicida,
impreciso,
capaz de borrarte
y seguir cortando
entre venas.