CADA MAÑANA

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Cada mañana espero un cambio radical en mi vida, un cambio positivo. Una nueva oportunidad que rompa el cristal amorfo donde simulamos una vida imperecedera y conmovedora, llena de estúpidos recuerdos. De fragmentos, esquirlas de un pasado que no nos deja avanzar.
Cada mañana retoco esos pequeños pedazos de ilusión latente, que se aferran a un devenir lejano, quizás incierto, pero espero con la fuerza de un titán, contra el viento que vendrá, contra la noche y los visibles problemas, económico, sociales y circunstanciales. Mi lucha es un nuevo comienzo, desde mi ventana el cielo es gris, pero me da la gana de verlo en un azul intenso, con nubes superfluas de aserrín y bambú, maravillosas esculturas inorgánicas y con cero emisión de contaminantes.
Pero eso es parte de la vida, del crecimiento interno, hacia otra trasmigración o lo que sea, si nos convertimos en un odioso paradigma de muerte prematura en vida. Escribo entre las rejas invisibles de mi cárcel (mente) cortadas de antemano las alas de ángel o demonio celeste, con una leve posibilidad de que crezcan, como unos diminutos puntos, que pesen lo suficiente como para aniquilar todo vuelo posible. Todo tránsito a un destierro autoimpuesto, a un continente, a una galaxia concebible.
Te espero en mi letargo de horas matinales, no sin fe. Con alegría recibo tu mirada de ciclope deiforme queriendo animarme, más desesperan las frases hechas, prestadas de otros autores, tantas veces empleadas en tan disimiles combinaciones que ya debiera ser imposible matemáticamente, crear nuevas formas de expresarnos sin plagiar a algún autor extranjero, más famélico y perdido en su fornicario interior, en sus luces capaces de desintegrarnos y luchar por un, lirio mejor, una disputa mejor, un mar sin sargazos o lo que nos cambie como especie. Escribo y me desdoblo en tristezas, que comparto con exactitud, extraño los amigos que no están, que cruzaron el arcoíris en busca de riquezas, desde el recuerdo los traigo a esta mañana, a cada instante de cielo, en otro cielo, en otras tierras, con otros olores sofisticados, creados para enajenar, pero esa triste espera me recompone los huesos, el aire en los pulmones sin fumar (aunque nunca he fumado, excepto de forma pasiva) odiosamente escucho por una millonésima vez, la película de Bob Esponja y escribo y reescribo la vida.
Cuando alguien lea estas líneas, seré necesariamente más viejo, más cerca del olvido, ya escucho los cascos de los caballos celestiales (o eran trompetas) y aspiro tu simpatía. De otra forma como podría sobrevivir a la intemperie.
CADA MAÑANA | Ecency