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La vida es como un tren en marcha, donde hay vagones que llevan vida, otros muy visitados que llevan odio y rencor, pero hay un vagón que siempre está atestados de personas y ese vagón es el del amor , otros que solo subimos y en seguida nos bajamos; ese es de la tristeza y soledad que tiene letreros de angustia y descontento, y de ese nos bajamos en seguida, no nos gusta para nada; el vagón de los recursos, ese vagón es tan emotivo y dulce que siempre nos subimos cuando podemos; pero hay un vagón que solo nos montamos una vez sin derecho a bajar pues no tiene parada ni final y es el vagón funesto de la muerte.
A través de los años cada ser humano se va montando en cada uno de esos vagones.
Primero nos montamos en el vagón de la vida, eso lo hacemos cuando nacemos y somos llenados de espíritu y alma; experimentamos la etapa más hermosa de cualquier ser humano, somos bebes transformándonos en niños; estamos rodeados de inocencia, malicia, solo nuestro instinto es el de amar.
Casi sin querer, nos bajamos en la esquina y nos montamos en el vagón que todo lo puede, que es el del amor, somos jóvenes y creemos en todo, todo es hermoso, todo es tierno y suave, delicado, pero ojo, a veces el amor viene perseguido por un vagón con tanta fuerza como el del amor, es el vagón del odio y ese vagón donde no deberíamos nunca subir, porque se enferma nuestros sentimientos y lo que era lindo y delicado se transforma en algo duro y feo.
Muy a menudo sin nosotros querer se nos obliga a comprar el boleto para el tren de la tristeza y la nostalgia, ya somos adultos y nos asaltan los porqué de muchas cosas que pudimos hacer y no hicimos; como amar a quienes debíamos, desear algo y no hacerlo, y es justamente allí donde la soledad se sube y se sienta a nuestro lado, y ella es en ocasiones como un vestido apretado difícil de quitar, que deja ver a través la silueta de nuestras tristezas y soledades.
El vagón de desolación y descontento ya allí somos maduros, pues muchas de las personas que amamos ya están partiendo de nuestro lado, a subir a sus respectivos vagones unos de vida otros de muerte, y en ocasiones nos caemos y no sabemos manejar o quedar de pie en ese vagón, es allí donde nos agarramos muy fuerte de alguien o nos abrazamos al que a nuestro lado esté.
No puedo dejar mencionar ya cuando no somos ni adultos ni maduros ya estamos en nuestra vejentud y pensamos "Dios la juventud es tan corta, la vejez tan larga".
Es allí cuando subimos al vagón de los recuerdos
¿Quién no ha llorado, reído o sufrido, recordando momentos anhelados y locos, distantes y espantosos, de amor y odios, marcados y honesto, momentos que revivimos una y otra vez?
Y es allí que comprendemos tarde, valió la pena vivir, sentir, amar sin medida ni arrepentimiento, desear, enloquecer, cada instante vivido, porque solo son los recuerdos los que nos quedan.
Es allí que sin darnos cuenta nos montamos ese vagón funesto que tarde o temprano debemos subir y es el de la muerte.
¿Muerte o una vida diferente?
¿Muerte o una mejor vida?
¿Muerte o solo un sueño sin despertar?
¿Muerte o solo una sensación de paz?
¿Muerte o solo es un descanso para algo mejor?
Hay mucha seres queridos que han subido y nos está esperando para viajar a nuestro lado y es allí donde nunca nos sentiremos solo y no hay temor ni odios ni lamentos ni porqués; porque es allí cuando comprendemos la verdadera esencia del amor puro, la amistad sin límites, de la verdad absoluta.
Pero en resumidas cuentas, es hermoso haber podido subir al tren de la vida con sus Pro u sus contras, debemos estar agradecidos a Dios por dejar embarcarnos y no dejarnos bajar tan ligero.