Un grato saludo a esta gran familia de escritores amantes de la literatura y posts de calidad. No debemos subestimar a nadie por la edad ni jugarlo por su apariencia. Es muy conocido ese dicho que dice que el lobo se disfraza de oveja. De eso va el post que presento a continuación.
Sorprendido desperté en el hospital un poco desorientado, no sé con precisión cómo me trajeron a ese lugar, ni cuanto tiempo tenía en él. Tampoco presentaba ninguna herida, o alguna lesión que justificara mi reclusión en el centro hospitalario. Cosa que agradezco, ya que pudo ser muy diferente y llegar hecho un colador. Lo que sí sé, fueron todos los hechos previos que ocasionaron ese momento, y que no creo que pueda olvidar fácilmente en mucho tiempo.
Tuve aproximadamente diez años viviendo en una pequeña ciudad de mi país llamada El Vigía, me desempeñé como docente hasta hace tres años atrás, pero la crisis que vive la nación, me hizo irme por un tiempo al vecino país. Obré como lo estaban haciendo otros compañeros, todos dejamos botado el trabajo, y nos fuimos sin renunciar formalmente, a probar suerte como imigrantes a Colombia. confieso que me dejé llevar por la presión social, y no medité la decisión lo suficiente. Ya en un lugar ajeno tenía que echar para delante como fuera.
Lo cierto fue, que más temprano que tarde tuve que regresar con los platos en la cabeza. Para serles franco, me fue muy mal en el vecino país, los colombianos están a la defensiva con nosotros, y no les quitó razón. Me enteré de muchas experiencias negativas y hasta traumáticas que tenían los locales con venezolanos. Eso nos cerraba las puertas a los recién llegados en muchas ciudades de ese país.
Tenía pocos días de haber llegado a mi patria, y decidí regresar al Vigía otra vez. La ciudad no había cambiado en nada, con la suerte de que la señora que me alquiló antes la pieza, en ese momento la tenía desocupada, y la pude volver alquilar. Como podrán imaginar tenía levantado un gran expediente por abandono del cargo, eso nos pasaba a los que no éramos del gobierno, porque a los enchufados cuando regresaban los ascendían con mejor sueldo.
Se preguntarán ¿Qué fue lo qué pasó? Comienzo por decir, que todo pasó muy deprisa, y definitivamente fue un evento sui generis desde el inicio, ya que nunca me había atraído una persona de la edad que tenía la señora que el destino cruzó en mi camino. La susodicha tenía más años que pelos en su cabeza, pero algo me atrajo como un imán hacia ella, sobre todo esa risa loca lanzada al aire con ese desparpajo. Confieso que su risa me excitaba, como si de una brujería se tratara. Por supuesto que no le pregunté la edad, pero le calculo unos 70 años, igual no me importó, me gustaba demasiado.
El encuentro fue casual, sucedió en un puesto de jugos donde coincidimos. La conversación comenzó porque pedimos el mismo tipo de jugo. Pasaron solo unos minutos y para mi sorpresa después de una corta conversación me invitó a su casa, no lo pensé dos veces y acepté. Una vez allí, hizo un café exquisito con grano sembrado y molido por ella misma. Todo iba perfecto, hasta que de repente, como si hubiera recordado algo urgente, ella me despidió con una prisa inusual.
Por el apuro con el cual salí, olvidé mi cartera que por mala costumbre sacaba del bolsillo trasero, porque tenía un amuleto metálico que molestaba al estar mucho rato sentado. La había colocado a mi lado en el mueble donde estaba sentado. Solo transcurrió como una hora cuando me percaté, y rápido regresé a su casa en dos ruedas como dicen algunos. Quise tocar y al intentarlo pude notar que la puerta estaba entreabierta, la llamé pero no contestó, quizá por una música estruendosa que sonaba enfrente de su casa, por lo que decidí entrar.
Al llegar a la sala, rápidamente pude localizar la cartera, ella la había dejado dónde había quedado o simplemente no la había visto. La tomé y decidí volver por donde había llegado, sin dar explicaciones. Fue entonces que escuché un gemido, el mismo me hizo cureosear, por lo que miré al interior de la casa, vi a la vieja en uno de los cuartos, haciendole sexo oral a un muchacho más joven que yo. Nunca me arrepentiré tanto de mi bendita costumbre de averiguar más de la cuenta como en esa ocasión.
La vieja con una velocidad asombrosa, en un segundo sacó un cuchillo del que llaman Karambit y degolló a su excitada víctima. Por el susto que me produjo el hecho, tumbé un adorno y ella rápido salió al pasillo de la casa, lo inusual era que su rostro estaba transfigurado, no era el de la señora simpática y sensual que había conocido, era el de un demonio que ha sido agarrado infraganti. Retrocedí y salí desesperado de aquel lugar corriendo sin parar por unas cuantas cuadras, sintiendo la respiración de la asesina en mi pescuezo, hasta que me desvanecí del cansancio.
Desperté en el hospital traumado. Hasta el día de hoy, que me atrevo a contar la historia que han leído. Cuando salí del hospital vendí todo y me fuí del pueblo. Juro por lo más sagrado que no volveré a ese sitio y tampoco olvidaré ese maldito rostro.