Cada error, cada caída, cada fracaso, es simplemente una enseñanza. De nada vale lamentarse sobre la leche derramada y adoptar el papel de víctimas, en su lugar, debemos aprender la lección y seguir adelante. Sin embargo, no se trata simplemente de recomponer los pedazos rotos sino de mezclarlos de una manera diferente para crear algo nuevo, que nos permita crecer como personas. El dolor y los errores nunca son bienvenidos pero, como parte de la vida, tienen su objetivo y son grandes maestros.