La tarde con su agonía
me recuerda los momentos
cuando vanos juramentos
ornaban la vida mía.
Lis me juró amor eterno
también una tarde así
donde me brindaba a mí
su mirar tan dulce y tierno.
Sus encrespados cabellos
y sonrisa de marfil
en esa tarde febril
me daban momentos bellos.
Pero se fue de repente
y sin decirme un adiós
cual si perdiera loa voz
en un movimiento ausente.
Quedé en la tarde engañado
y con marchita esperanza
en tanto la tarde avanza
a un cementerio callado.