Un café con mi cuñado Andrés y mi hermana Yalis.
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No sé vivir sin café.
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Yo no sé lo que le pasa
al sinvergüenza café
que dolor en la cabeza
es seguro que me dé
si lo dejo de tomar,
y es ahora cuando sé
que tan solo se me quita
cuando lo tomo otra vez,
y es un dolor persistente
el que me queda después.
Me tomo otras cuatro tazas
y quiero dos más o tres
mientras la ansiedad aumenta
igual que propio tropel
de bestias en la llanura
cuado empieza a amanecer.
Pero con todo y las ganas
que a mí me entran por beber,
para que se acabe todo
hoy mismo lo dejaré
y oiré a mi hermana Carmita
con su risa: je, je, je.
Aunque sea una papeleta
seguro conseguiré
porque... ¿saben una cosa?
¡¡¡No sé vivir sin café!!!